26.12.09

Chagall, la cigarra y la hormiga

Era un tesoro disperso, un bestiario colorista que estuvo perdido durante medio siglo. En los años veinte, mientras Bella Rosenfeld, la primera mujer de Marc Chagall, leía y releía en voz alta las fábulas de La Fontaine, el pintor ruso aprendía francés y, al tiempo, pintaba sus fantásticas visiones. "No sé de dónde saca semejantes imágenes, debe de tener un ángel en la cabeza", dijo sobre él Picasso.
"¿De dónde saca esas imágenes? Debe de tener un ángel en la cabeza", dijo Picasso
Para muchos supuso la ruptura con las ilustraciones clásicas de Doré
El editor y galerista Ambroise Vollard le encargó que ilustrase esas fábulas, pero el proyecto nunca vio la luz. Ahora, la editorial italiana Donzelli acaba de publicar aquella obra oculta que mezcla el universo mágico del artista ruso con la sabiduría y el ingenio del poeta francés a lo largo de 43 textos en verso. Favole a colori (Fábulas en color) es, además, el resultado de la búsqueda de un pequeño editor.
La idea nació en el mes de marzo, cuando Carmine Donzelli descubrió "casi por azar" un catálogo de una exposición de Chagall. "Fue durante la última feria del libro de París", explica. "Entré por casualidad en el stand de la Reunión de los Museos Franceses". Allí descubrió los gouaches que Chagall había pintado para ilustrar las fábulas escritas por La Fontaine entre 1668 y 1694 y que durante generaciones han servido para mostrar el comportamiento humano a través de animales que encarnan vicios y virtudes. El descubrimiento le empujó a recuperar un viejo proyecto nacido en París en la segunda mitad de los años veinte. Por aquel entonces, Chagall (Vitebsk, Bielorrusia, 1887-Saint Paul de Vence, 1985) vivió su segundo periodo en la capital francesa, después de una primera estancia de cuatro años, entre 1910 y 1914, a la que le empujó su fascinación por Cézanne y Matisse.

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