16.2.10

Thomas Schütte en el Reina Sofía de Madrid

En la obra de Thomas Schütte (Oldenburg, Alemania, 1954) lo de menos es el resultado final. Lo importante es el proceso, el trabajo de indagación, el puro juego. Lo suyo es cuestionar la obra de arte, crear mundos ambíguos, en palabras de Manuel Borja-Villel, director del Reina Sofía, el museo que desde mañana miércoles acoge la primera retrospectiva que se le dedica en España al artista alemán más influyente en el arte contemporáneo. Bajo el título de Retrospección, el museo acoge 75 piezas que ocupan toda la primera planta del edificio Sabatini, incluidos pasillos, jardines y salas de Protocolo.
A lo largo de toda su vida, Schütte ha tocado todos los soportes: acuarelas, fotografías, escultura, pintura, instalaciones, maquetas arquitectónicas....Sus grandes series son un compendio de todos los formatos y de múltiples fuentes de inspiración (la pintura antigua, la arquitectura). Todo son historias inacabadas y cargadas de humor.
Fuente superior elpais.es.

Fuente inferior Museo Reina Sofía
Fechas: 16 de febrero 2010 – 17 de mayo 2010
Lugar: Edificio Sabatini. Sala 103, Sala de protocolo, Espacio 1, Claustro y jardín
Organización: Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía
Comisaria: Lynne Cooke
Como título de una retrospectiva de Thomas Schütte, la palabra “retrospección” posee múltiples significados. Ante todo, se refiere al hecho de que la exposición ofrece una visión de conjunto de una carrera que abarca ya más de treinta años. Pero alude también a que el artista, sobre todo en la última década, ha vuelto la mirada al pasado buscando inspiración tanto en sus primeras obras como en la escultura de épocas históricas anteriores. Schütte ha recurrido al arte del pasado en diversas ocasiones y siempre de manera fructífera: le ha servido de fuente de inspiración para obras individuales y, en los últimos años, ha sido un punto de referencia crucial para afinar su estética. Concebida en un principio como un encargo para un espacio público, la obra Die Fremden (Los extraños), 1992, por ejemplo, ilustra cómo funciona este diálogo recursivo. Con su vocabulario de sencillas formas compactas y colores llamativos, estas esculturas rinden homenaje a dos precursores modernos: a los prototipos que ideó Oskar Schlemmer para su Ballet triádico y a una serie de pinturas tardías de Kasimir Malevich que ofrecen una imagen heroica del estoico campesinado ruso. La alusión a estos precedentes icónicos dignifica el linaje de las figuras de Schütte. Sin embargo, según el artista, el profundo aire de seriedad que domina la obra se debe además a las circunstancias sociales que determinaron su génesis. En 1989, después de la caída del muro de Berlín, la falta de trabajo y la crisis de la vivienda transformaron a los extranjeros, sobre todo a los Gastarbeiter –trabajadores extranjeros que residían en el país desde hacía tiempo–, en chivos expiatorios. Al situar las figuras por encima del punto de vista del espectador, Schütte subraya la distancia insalvable que nos separa de ellas una vez que asumen el papel del Otro.

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