20.8.15

Un inodoro convertido en fuente de Marcel Duchamp. Una simple obra de arte

Cuando Marcel Duchamp jugó a firmar como R. Mutt un urinario que había comprado en una fontanería de New York y lo presentó a la Exposición de la Sociedad de Artistas Independientes para ser expuesto como un obra de arte escultórica (aunque no fue admitido), quería jugar con el arte y darle el protagonismo del momento (hace casi un siglo) provocando con él.

Tal vez si la hubiera firmado con su verdadero nombre, y más si también la hubieran firmado los dos marchantes de arte que le acompañaron en la adquisición y en el trampantojo (para aquellos años) que suponía el inodoro convertido en fuente inútil, la hubieran admitido sin dudar en aquel mismo momento.

Hoy todos los que jugamos con al arte admitimos que además de una osadía, aquello fue una obra de arte. Simplemente porque el artista quiso que fuera una obra de arte. Ya no pensamos en el arte como algo que nos tiene que contar una historia, ni como algo que tienen que permanecer muchos tiempos entre nosotros, sino como algo que nos tiene que provocar, que nos muestra un punto de vista original, diferente, extraño, que sirve para asombrar o para que seamos nosotros los que construyamos “esa” historia que antes creaba el artista para ser contemplada.

Que hoy el arte moderno o incluso el arte contemporáneo sea muy caro, no quiere decir que tenga que ser muy serio. En el arte no tiene nada que ver el precio que se paga por “poseer” o incluso por invertir ni con el valor artístico que pueda tener una pieza. ¿Qué valor artístico tienen los billetes de 500 euros? Ninguno, pero todo el mundo los quiere tener, y quien los posee los adora y esconde como un dios. Pero es un papel impreso, solo un simple papel impreso. No tiene valor, tiene solo precio.

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