27.5.16

¿Podemos provocar la provocación en el arte?

Unas simples gafas colocadas en el suelo de una sala del Museo de Arte Moderno de San Francisco (MOMA) han desatado la clásica broma sobre la importancia del ARTE y qué debemos considerar arte y qué no. T. J. Khayatan es un joven de 17 años que el próximo otoño comenzará la universidad pero que ya se ha dedicado en otras ocasiones a realizar acciones parecidas. Les gusta ver el comportamiento de la gente que acude a los museos a ver arte y fotografiar lo que les sorprende a los visitantes cuando ven algo diferente. La reacción del visitante puede ser el de pasar sin advertir el juego, pero si algunas personas se paran, aunque sean cebos, sin duda, todos los visitantes se paran y es el momento de fotografiar las sorpresas. En estos momentos ya tienen 60.000 retuits de sus imágenes colgadas en la red social de Twitter.

Pero la pregunta siempre sobrevuela por encima de la realidad del Arte Contemporáneo. ¿Podemos engañar al espectador? ¿Podemos engañar a los Comisarios de los museos? ¿Y a los marchantes que buscar el negocio en la venta de ciertos productos artísticos que la inmensa mayoría de la gente no los entiende así? ¿Tienen que ser entendidas y admitidas las obras de arte por la inmensa mayoría, o sólo por los que quieran pagar por tenerla, aunque sean minoría? ¿Qué pensaría Diego Velázquez si viera ahora una obra de Miró, de Dalí, de Paul Klee? Pues igual tendríamos que decirle a Velázquez que está equivocado si dijera que estos artistas no lo son.

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