21.7.17

Virgen sentada con el niño, de Plandogau, Lérida

En el siglo XII, en plena Edad Media, la religión era fundamental para sujetar a los pueblos. Todas las localidades tenían sus propias vírgenes como esta de la pequeña localidad de Plandogau en Lérida, pintada con colores vivos y realizada en madera, pero simulando ser un objeto metálico y muy duradero.

Eran imágenes ásperas, serias, demostrado poder y capacidad de disponer lo mejor o lo peor para los fieles que las contemplaban, las rezaban o las sacaban en procesión.

El poder de la religión era en mucha ocasiones y sobre todo en localidades pequeñas, superior al poder de las administraciones. La iglesia además de tener el control de la fé y el miedo de las personas, disponían de enormes cantidades de tierras, controlaban los alimentos de las zonas de su influencia, y eran los depositarios de las culturas, las tradiciones, incluso de algunos hijos e hijas de las grandes fortunas de la zona.

Tenían el tesoro del Cielo, entre los bienes de su propiedad que podían administrar con el miedo y la fe entre sus feligreses. Nada era más importante que poder controlar si al final, cuando eras más débil en tu vida, iban a regalarte el Cielo o el Infierno.

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